Angel García Crespo

Estreno

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Trailer de la pelicula

Crítica (encontrada por casuladidad en internet)

Conferencia : Teatro

(Se estrena la obra El Cebo en el Auditorio Padre Soler de Leganés)

El pasado día 27 de octubre de 2005 se estrenó (ayer) la obra dramática El Cebo en el Auditorio Padre Soler de Leganés, incluida en las actividades culturales de la Universidad Carlos III.

La autoría de esta función pertenece al profesor del departamento de informática en la misma universidad, Ángel García Crespo; y fue representada por el elenco de actores del Grupo Momentos.

Entres estos actores se encuentran nombres como, por ejemplo, Antonio Aznar, Ana Belén Fuentes, Cristina Rodríguez, María San Miguel, Ana Isabel Chao, Ana García Armada y Mª Antonia Martín.

El guionista y director pretende, con este primer trabajo, hacer una reflexión partiendo del lema hobbesiano “Homo homini lupus” (el hombre es un lobo para el hombre) como opuesto a la máxima de la universidad “Homo homini sacra res”, cuya música acompañó al publico en su acceso al Auditorio.

A la función, de entrada libre, asistieron, sobre todo, estudiantes de la universidad, pero también profesores compañeros del autor y vecinos de Leganés, que completaron casi por completo el aforo.

El profesor García Crespo procuró, más que producir placer con una obra bella, concienciar al espectador para pensar en su propia condición humana, que les lleva a buscar la supervivencia a cualquier precio sin importarles causar daño a otros seres.

Los actores muestran cómo las situaciones extremas pueden llevar a sentimientos opuestos y las cualidades humanas más nobles se transforman rápidamente en decadentes. La lucha por sobrevivir crea una maraña de enemistades, corrupción y traiciones.

En el auditorio las luces se apagan y aparecen en la oscuridad siete personajes sin nombre, llamados solamente por los colores de su ropa. La intención de su anonimato es generalizar la diversidad de la raza humana, que pasa en su cotidianeidad por situaciones iguales.

Generalmente, las obras que pretenden mostrar al espectador cómo es el interior del ser humano, no necesitan de grandes despliegues técnicos. Solamente exigen unos diálogos inteligentes e intimistas, y de unos actores que sepan transmitir con una mirada, con un silencio o con un grito desgarrador, los sentimientos que todos hemos experimentado alguna vez en nuestras vidas.

Lo esencial en este género es que el público se estremezca y sea impulsado a pensar en sus propias pasiones y acciones. Todas estas características se dan en El Cebo.

La ambientación es la adecuada para mostrar el mundo solitario y triste en el que viven los protagonistas. En el escenario se aprecia un espacio austero, con un fondo liso e iluminado solamente por unas linternas, que cumplen perfectamente su misión, ayudar a ilustrar el terror de los siete personajes. Pero, ¿miedo a qué?, ¿de quiénes huyen?, ¿a dónde se dirigen?. En los diálogos estas preguntas se dejan caer como pequeñas picaduras que llaman la atención del público y que no serán contestadas en la obra, sin embargo, a medida que avanza la función, el espectador se olvida de las respuestas sin resolver y se adentra en lo realmente importante, en las emociones: el miedo, las dudas, e incluso, a veces, la esperanza.

Gracias a una inteligente puesta en escena de los actores, el público puede conocer los pensamientos y las intenciones de los protagonistas, quienes se entrelazan en el escenario permitiendo que las ideas de los personajes evolucionen con la aportación de cada uno de ellos. De este modo los pensamientos negativos del más desconfiado calan en los del personaje más optimista, llevándolos a todos a un desenlace final desesperanzador, en el que para sobrevivir es necesario traicionar a los demás. “En el ajedrez a veces hay que sacrificar a un peón” sentencia uno de los personajes de la obra.

Ángel García Crespo, a través de uno de los actores, realiza un análisis profundo y perspicaz de cómo el individualismo de las personas puede acabar con todas ellas, mientras que permanecer unidos sería la solución; y hace una acertada comparación con nuestro mundo, con la hipocresía que reina en occidente respecto a la situación de los países más pobres; una indiferencia que nos convierte a todos en lobos.

Susete

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