Ayer fue el día mundial del teatro, y el sábado pasado representamos ‘El dilema del prisionero’ para conmemorarlo y de paso recoger el libro en que se publica la obra.
Fue una representación atípica (ya pondré fotos), diversos problemas me llevan a reafirmarme en mi concepción del teatro.
Parto de que una representación es algo irreal (es decir, lo que sucede en el escenario no está sucediendo de verdad), pero el cómo se lleva a cabo esa representación irreal de algo supuestamente real es lo que me importa.
En el siglo XVIII (creo) cada emoción, cada situación tenía una forma de representarla que se aprendía, por ejemplo expresar sorpresa era una exageración de un ohhhh con los ojos muy abiertos y la boca, de tal forma que el actor debía de atenerse a dichas expresiones para hacer su papel.
Poco a poco ha ido avanzando hasta intentar hacer lo más real posible lo que sucede en el escenario. A mi me gusta ese teatro, el teatro en el que el espectador está mirando por una cerradura lo que sucede.
Hay grandes actores que declaman perfectamente un texto, que representación tras representación se mueven de igual forma, maracan los mismos pasos, mueven cada músculo siempre en el preciso momento. Como director es lo que más se desea, pero como creador de unos personajes no debo contentarme con tener a unos robots en escena, quiero que esos personajes sean reales, quiero ser un creador de verdad.
El sábado tuvimos la incomparable suerte de tener a la auténtica Comisario en escena. Cuando yo cree a la Comisario pensé en un primer momento que era una mujer fuerte, que debía dominar a los prisioneros, pero luego me di cuenta de que estaba equivocado, la Comisario es una persona que sufre, que representa un papel frente a los prisioneros lo mejor que puede, que lucha con lo que lleva dentro hasta que al final puede sacarlo. El sábado pasado tuvimos a una Comisario que sufría, que luchaba por realizar la obra, no creo que nos podamos acercar más. Sé que se puede decir que confundo el personaje con el actor y que el actor representa un personaje, pero ¿no es increible que el actor y el personaje puedan llegar a confundirese no porque se interprete sino porque en verdad no haya diferencia? en ese momento buena o mala la actuación está produciendose algo increible, ya no hay sentimientos fingidos, hay sentimientos y emociones reales.
